miércoles, 29 de agosto de 2007

Tequila, sexo y mariHuana...


Recogiendo la semilla del rock combativo y ecléctico sembrada por The Clash una década antes, el grupo francés Mano Negra se alzó a comienzos de los años 90 como bastión fundamental de un tipo de rock mestizo, multicultural y comprometido ideológicamente. Y al frente de Mano Negra estaba Manu Chao (París, 1961) , parisino hijo de españoles, y uno de los personajes más influyentes del rock de los últimos años. Mano Negra ofrecía un directo de energía arrolladora y un cóctel sonoro en el que cabían punk, ska, reggae, rock, funk, rap, ritmos norteafricanos, rumba, varietés y aires de verbena global. De carácter inquieto y aventurero, Chao embarcó al grupo en una singular gira latinoamericana a bordo de un carguero, y luego continuó recorriendo Colombia en un destartalado tren, cruzando territorio guerrillero. Tras la disolución de Mano Negra, Manu siguió viajando con un pequeño estudio móvil como equipaje, y de sus experiencias nómadas surgió su primer álbum en solitario, Clandestino (1998); un trabajo innovador e intimista, más melódico que rítmico y más acústico que eléctrico, en el que reflexionaba sobre diversas problemáticas de la sociedad actual, alineándose con los más desfavorecidos y oprimidos. El disco tuvo un impacto extraordinario y vendió más de dos millones de ejemplares en todo el mundo, lo que convirtió a Chao en una especie de estandarte de los movimientos alternativos antiglobalización y antisistema. El músico hispano-francés se instaló luego en Barcelona, aunque no ha perdido su vocación viajera. En 2001 publicó Próxima estación: esperanza, un trabajo considerado de continuidad, con planteamientos muy similares a los de Clandestino, aunque sin alcanzar sus niveles de creatividad. Un año después apareció Radio Bemba sound system, una grabación que recogía la fuerza de su directo.

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