martes, 20 de mayo de 2008

Cómo dejar de ver las palabras qué no escucho

Los omnipresentes que se olvidan y son dejados por la seguridad y la certeza, vivir entre la decepción de la riqueza o sobrevivir al dolor de la pobreza, corazones que vuelan a Paris o a Buenos Aires, amigos con hermanos envidiables qué quiero robar y llevármelos al país del NUNCA jamás, caminar por el asfalto, recorrer caminos llenos de margaritas y rosas amarillas, ser seducida por los engaños y creerme una cosmopolita que sólo viajará por placer y que entre deseos pedirá una invitación de un helado de lavanda.
Ahora solo puedo recordar las palabras nunca dichas y un bambuco que compusieron solo para mí en una noche de licor, ahora veo un diccionario pero sé que igual lo voy a olvidar, y como diría Calamaro -olvidar es divino y MUY fuerte la fuerza del destino.

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