
Últimamente en las clases no se escucha más que “la dependencia” de un ser al otro, del significado que tiene esa alma, esté o no esté presente en los momentos importantes de nuestra vida.
Hacemos las cosas para que alguien admire nuestras habilidades, para que nos quieran, como haría Franz en “La insoportable levedad del ser”, él siempre quiso respetar la imagen de Sabrina, rendirle pleitesía, hacer las cosas que ha ella le gustaban aún cuando estaba en otro lugar del mundo y quizá ella no supiera de esto.
Y sí, es verdad, dependemos de cierta motivación, en mi caso de ese ser que nunca tengo y que persigo desde hace muchos años creyendo que algún día se sentirá orgulloso de mí.
No se guarda memoria de las noches dormidas. Así el amor; el más inolvidable es el que nunca fue. Debe ser por eso que sólo estamos con aquella persona en las noches inquietas, en que nuestra sustancia metafísica se libara de nuestro cuerpo, viaja a lugares sin dirección ni nombre y se encuentra con ello que tanto deseamos; dicen que el alma puede ir a lugares inalcanzables, lo mismo que la imaginación. ¿Cuál de las dos es la que suele persistir en darnos gusto?
Si las noches y los sueños son agradables, mágicos e inolvidables aunque no tengan memoria, el diario lo constituyen sólo recuerdos que mortifican las acciones del hombre, como el eterno retorno de Nietzsche. Sufrimos por las cosas malas que hicimos y que no podemos volver a cometer, pensamos en la actitud diferente que se debió tomar con él ó él y de pronto él. ¿Habría funcionado? ¿Me hubiera querido más?
La vida es el borrador de la misma, se cometen errores, pero no hay más que una y es ésta la que tú y yo estamos viviendo. No basta con vivir de perfección precaria, por algo tenemos tripas o sentimientos (que es lo mismo), por algo Adán y Eva pecaron.
Hacemos las cosas para que alguien admire nuestras habilidades, para que nos quieran, como haría Franz en “La insoportable levedad del ser”, él siempre quiso respetar la imagen de Sabrina, rendirle pleitesía, hacer las cosas que ha ella le gustaban aún cuando estaba en otro lugar del mundo y quizá ella no supiera de esto.
Y sí, es verdad, dependemos de cierta motivación, en mi caso de ese ser que nunca tengo y que persigo desde hace muchos años creyendo que algún día se sentirá orgulloso de mí.
No se guarda memoria de las noches dormidas. Así el amor; el más inolvidable es el que nunca fue. Debe ser por eso que sólo estamos con aquella persona en las noches inquietas, en que nuestra sustancia metafísica se libara de nuestro cuerpo, viaja a lugares sin dirección ni nombre y se encuentra con ello que tanto deseamos; dicen que el alma puede ir a lugares inalcanzables, lo mismo que la imaginación. ¿Cuál de las dos es la que suele persistir en darnos gusto?
Si las noches y los sueños son agradables, mágicos e inolvidables aunque no tengan memoria, el diario lo constituyen sólo recuerdos que mortifican las acciones del hombre, como el eterno retorno de Nietzsche. Sufrimos por las cosas malas que hicimos y que no podemos volver a cometer, pensamos en la actitud diferente que se debió tomar con él ó él y de pronto él. ¿Habría funcionado? ¿Me hubiera querido más?
La vida es el borrador de la misma, se cometen errores, pero no hay más que una y es ésta la que tú y yo estamos viviendo. No basta con vivir de perfección precaria, por algo tenemos tripas o sentimientos (que es lo mismo), por algo Adán y Eva pecaron.

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