
Si no es uno de mis libros favoritos, puedo rescatar que es un libro que obliga a ser leído, así el protagonista en su egolatría y orgullo se niegue a aceptar que él es el culpable de intrigar al lector.
Con una historia cotidiana, un pintor como todos los pintores, pensando el las banalidades que hace la humanidad y la perfección que él puede alcanzar al hacer un cuadro con algo relativamente fuera de contexto; Aparece la incertidumbre vestida de mujer, y con todos los problemas que eso lleva. Nos preguntamos lo que hacemos, nos respondemos lo pasado, pero nada evitará sentir la angustia del futuro, sea cual sea el motivo preparamos nuestro discurso de humanos, los demás tienen la culpa de nuestras desgracias y por eso tenemos que repetir mil veces el juicio del mañana. Los imaginarios abren su rumbo, creemos más en los prejuiciosos y en los sueños o pesadillas de los mentirosos, y no los malos, sino los mentirosos que recurren a la historia, al tiempo y principalmente a sus creencias para cambiar el concepto de realidad.
Y persistimos en la intuición, es ella, la más mala de las virtudes que podemos tener como hombres.

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