
Sufrimos por los delitos de la sociedad, creemos que todo, aun sin nosotros dentro, debe tener justicia y legalidad, rectitud y ética, pero acaso nosotros no deberíamos ser parte de ella? Dejar los criterios absurdos y mirar fijamente como estamos viviendo e interpretando nuestras vivencias.
Payasos en la Lavadora, no es sólo un libro, es una irreverencia contra todo lo hierático.
Es una novela satírica, un hombre inconforme que muestra toscamente como en realidad somos, y como en realidad vivimos; en parte felices con nuestras adicciones y en parte engañados con todo un circo de demagogos.
El escritor es un cineasta ya conocido, su nombre es Alex de la Iglesia y siempre siniestro.
Aquí Algunos fragmentos.
“Los residuos adheridos en mis orificios respiratorios, almacenados en su interior durante esta noche asfixiante, se mezclan con el estimulante y el ácido, reaccionando de manera inesperada y misteriosa. Tengo el arcano Opus Alchimicum pegado a la nariz. El Elixir Vitae, la solución final. Pero sólo yo podré disfrutarlo; la ciencia no será capaz de reproducir las mismas condiciones ambientales en laboratorio. Incluso quemando neumáticos y llenando miles de probetas con esencia de corteza de cerdo; todo será inútil. Aquí y ahora. Ésa es la única certeza.”
“Hannibal Lecter, el potagonista de El silencio de los coderos, participaba de la misma inquietud hacia los rostros de la gente. Lo que pasa es que cuando se encontraba con alguien que le daba mal rollo le comía la cara a mordiscos. Lecter es un tipo inteligente, culto, delicado en sus maneras; su mente trabaja incansable las veinticuatro horas del día resolviendo enigmas inextricables; no es justo que pierda un solo minuto de su vida soportando la presión que ejercen todos esos rostros húmedos que nos observan impunemente, y es lógico que quiera liberarse de alguna manera".
"Las ideas se amontonan y soy incapaz de ordenarlas. Así es mejor. Pelearán entre sí intentando escapar de mi cerebro como las ratas en un naufragio. Sólo sobrevivirán las mejores, las más astutas y desalmadas, las crueles, las verdaderas".
"Habría que matarlos. ¿Por qué coño me miran con esa cara? Ese tipo con el chamberguillo, con su cara de mierda, me mira. Debería acercarme y darle un pellizco en los carrillos, retorciéndoselos con toda mi alma, y luego dejarle ir, como si nada.
La gente me da ascopena. Todas esas caras distintas... ¿No es obsceno? ¿No es repugnante pensar que todas las caras que llenan las calles, esas hordas de rostros confusos, nunca se repiten? Millones de combinaciones, a cada cual más repulsiva. Cientos de millones de orejas sucias, miles de millones de pelos en la nariz, cientos de miles de millones de granos. Y nunca iguales. Todos sorprendentes en su horror, en su realidad brutal".

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