martes, 8 de febrero de 2011

"y siempre estaré... así sea"

Un día soñé o aún no sé lo que realmente pasó. Entre un vaivén de cosas, había unas luces en la ventana tipo 12 de la noche, lo sorprendente era que sentía que podían llegar a romper el vidrio, parpadeaban con tal dureza que solo pude sentir violencia o quizás el fin del mundo.
Me levanté asustada, pensaba con el miedo más que con cualquier otra cosa, mi cabeza un poco atolondrada por el sueño me hacía actuar aceleradamente, por las luces tan fuertes me venían esos episodios de temor, esos que sólo conoce la Tata cuando le digo que está temblando. A ese episodio múltiple de muchas veces me veía de nuevo, era terrible, casi podía convulsionar dentro de la noche oscura que contrastaba con la palidez más grande.
Quería saber lo que pasaba, me acerqué a la ventana y pude ver la imagen más estúpida y a la vez más tranquilizadora de ese momento. Las luces sólo provenían de una moto, una moto cualquiera, que fue arrastrada por un momento de sonambulismo.

Me acosté de nuevo, con el corazón afuera que aún no había asimilado la torpeza de lo que no se conoce.
No recuerdo muy bien que fue primero, en todo caso comenzaré con el Bulldog de manchitas cafés; yo lo quería mucho, pero de repente se enfermó el pobre, poco a poco se deterioraba y ya no era ese perro, era otro, una raza diferente que como cualquier cosa inexplicable fue atrapado por un hombre, éste lo cogió del cuello y poco a poco era un perro fucsia y no sólo fucsia sino también con plumas. Mientras observaba esa imagen en mi interior, me decía que ese perro no era el mío, mentira, es el mío y ahora lo lloraba porque lo amaba como al único ser importante de mi vida y en un minuto de lagunas cerebrales el maldito bulldog había muerto.

Yo nunca había trabajado pero ésta señora que quizá nunca me dijo su nombre y por eso no lo recuerdo ahora, me indicó que tenía que escribir tres historias y que lo más importante era que la mejor estuviera ubicada en el tercer puesto.

Desperté como normalmente me despierto todos los días, abrí la puerta de la habitación y mientras salía yo observaba a mi madre acercándose. Se puso al frente mío, yo sabía que algo estaba mal y fue cuando ella me dijo ¡¡Como estás de alta!!.
-Claro!!en ese momento descubrí lo que pasaba, yo no estaba más alta, en si era ella la que se había encogido de una manera brutal.
Más que una sorpresa lo único que podía sentir era que eso que estaba viendo y en cierto punto bastante exagerado porque no sucede de esa forma tan agresiva, era la angustia más onda que reprime el futuro, era la imagen de la vejez que no perdona a nadie y que por supuesto iba a tener que confrontarla en algún momento de la vida.
La cogí, la abracé y como raro volvía en llanto, en un llanto confundido, no sabía si era por mi o por ella. Sin embargo se me vino a la cabeza que era la historia perfecta, era la tercera, la más importante la de "Cuando mi madre se encogió".

Todo estaba listo, no conocía las otras dos historias que había encontrado para la publicación, pero sabía que ya tenía todas, que había cumplido y ahora sólo estaba satisfecha.
Y si Ud. me pregunta por qué esa era la tercera no sé, así lo decidió alguien en mi.

Desperté, pero ahora si desperté de verdad, acompañada de esa tortuosa curiosidad de los sueños.

"Las nubes se movieron y todo se convirtió en caricatura" frase de Benito Pérez Galdós pero tomada de "El arte de la fuga" Sergio Pittol.


No hay comentarios: