Espérame un rato no más...
Han caído los días, razonablemente como tiene que ser, ahí está esa hora tan exquisita, en medio de un tono oscuro azulado y un pequeño reflejo de luz que permanece ligeramente antes de anochecer. Es una hora para pensar, anímicamente lo transporta a estar en el medio, en un ojo, recorrer todo con la cabeza, sentir el tráfico, la desesperación de la gente por llegar a su hogar, en especial hay un hondo que no dura mucho, no más de 15 minutos hasta que por fin todo ya es del mismo color, llega la noche y simplemente cada uno sabe que está en ella.
Quiere llegar temprano??
Los días son largos, singularmente para mi son bastante extensos, suelo tener el tiempo a mi voluntad y decir que todo lo puedo hacer, pero por algún motivo llego tarde y no lo hago todo, pasa constantemente y creo que por unos meses más seguiré haciéndome la que no entiende, no es una voluntad o un capricho, indudablemente quiero llegar antes que nada pero siempre habrán y estaremos llenos de excusas; recuerdo que antes no era así, podía caminar sin prisa, esperar los semáforos, detenerme en uno que otro lugar y responder cuanta pregunta estancada había quedado del día anterior, luego estaba allí, en un lugar preciso (digo: muy preciso porque no siempre había una cita o compromiso) terminaba sin saberlo en curiosas circunstancias, puntuales y únicas para esos días.
No dejes que me retrase en la ducha, y luego péiname el cabello.,
Ahora le tengo más ganas a una que otra cosa; de ganas estamos, de gana se hizo el mundo, de ganas a usted, de gana hay más ganas. (De eso vive la gente) Retrasada, un poco ciega, rayando el cuaderno, en paro, sin hora, prometo llegar.
Pestañeo, minutos y no seas cabrón.

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