

Es increíble no cansarse de caminar por las calles del centro, de esperar lo absoluto del día, de la palabra de cualquier vendedor de manillas y las caras tristes, pensantes de la gente que pasa arrasando con su propio aire.
No importa si llueve, o si hace el sol más abrasador de los últimos años, sólo se puede sentir en cada paso la tranquilidad y la razón de tantas cosas. Nunca hubiera pensado que el olor del viento atrallera los recuerdos, el olor era nítido, nítido como las imagenes y las sensaciones de alguna época.

Entrando a la biblioteca, te das cuenta que la mayor parte del tiempo lo dedicas a detallar personas, nos hacemos los grandes, ojeamos por aquí y por allá y caminando por los corredores creemos ser los mejores lectores. También observé en su último día la exposición de Andy warhol, muy atractiva y pudo llenar las espectativas que tenía, lo que más me gustó fue la obra de Silver Clouds, una especie de globos plateados con forma del empaque de adentro del cereal o algo así, todos rellenos de helio, según Andy era lo más parecido a una de sus famosas latas de Campbells, fue una opción para no pintar y presentar la onda del futuro. Otra obra que me gustó mucho fue la de 5 muertos, era algo genuina. Pero por ratos pensaba si una exposición de estas no contradecía la intensión de Warhol, al fin y al cabo se estaba volviendo consumismo el asistir a un evento como estos y terminar comprando cuanta maricada de pop-art había.
Y terminando el día empecé a sufrir con los tramites obligatorios que pide el estado, casi tres horas esperando a que me dieran un cita para tomarme los datos y la foto de el nuevo documento de identidad que me lo dan en 4 meses.
La tercera imagen (Silver Clouds)

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